¿cómo encontrar agua para nuestros alimentos?

¿cómo encontrar agua para nuestros alimentos?

Encontrar agua y llevarla a donde se necesita ha sido durante mucho tiempo un reto para la producción de alimentos. Escucha al profesor Søren Rud Keiding hablar de los retos a los que nos enfrentamos para encontrar agua para nuestros alimentos.

Es muy difícil encontrar fuentes de agua.

Aunque antiguamente usábamos los ríos y arroyos para la producción de alimentos, y aún lo hacemos en ciertas zonas, como alrededor del Nilo y los ríos más grandes, hoy en día, la fuente más fiable y vital de agua líquida es el agua subterránea. El agua subterránea está oculta, no es fácil de encontrar ni de extraer. Así que cuando extraemos agua líquida de los acuíferos, tenemos que hacerlo con cuidado para proteger los embalses que tenemos y para asegurarnos de no causar estrés hídrico en nuestro entorno.

Para Grundfos, siempre ha sido fundamental dedicarse a la gestión de los recursos de agua subterránea, su bombeo, su mantenimiento y su protección contra la contaminación. El 70 % del agua que consumimos hoy en día se emplea en la producción de alimentos. La mayor parte del agua se evaporará de las hojas verdes de la planta y muy poca cantidad se incorporará en las nuevas moléculas que creamos.

Para convertirse en biomasa, una molécula de CO₂ necesita 200 moléculas de agua. En la producción de arroz se consume mucha agua. Estimamos que la mitad del agua que usamos en la producción de alimentos se emplea para producir arroz. En el futuro, además de tomar estas propiedades favorables al agua de una planta y trasladarlas a otra, podríamos aspirar a hacer lo mismo con los fertilizantes.

Las plantas son muy eficientes para eliminar el nitrógeno del aire, que prácticamente es un fertilizante en suspensión usado por estas. Otras plantas, como la soja, necesitan mucho fertilizante. Si pudiéramos combinar esas propiedades, podríamos pensar en futuros cultivos y plantas que fueran mucho más eficientes en su uso de fertilizantes y, por tanto, consumieran menos energía.

Así, podríamos reducir el consumo de agua, la cantidad de energía y la cantidad de fertilizante usados, y tal vez seríamos capaces de producir más alimentos en el futuro de una forma más sostenible.